Mujeres de Destino LEAH: Génesis 29:15-35

La Historia de LEAH: Génesis 29:15-35

Durante siglos, las mujeres de la Biblia han sido modelos inspiradores para cualquiera que cuestione su destino en la vida. Es consolador encontrarnos aprendiendo a través de similares lecciones de la historia que siguen para validar y nos inspiran a seguir adelante. Necesitamos creer en nuestro legado y confiar en la palabra de Dios viviente que reside dentro de nosotros para aprender las lecciones de nuestra historia.

Leah contrajo matrimonio con Jacob, a sabiendas de que no la amaba y se resignó a quedar en segundo plano viviendo a la sombra de su hermana que era la esposa favorita de Jacob. ¿Qué posibilidades tenía Leah; cuando el hombre a quien amaba era un nené de mamá que aprendió los trucos manipuladoras de su madre Rebeca temprano en su vida?

Leah, como muchas madres solteras de hoy, fue atrapada en un juego intrigante y quedó atrapada emocionalmente, sintiéndose rechazada y sola esperando que su marido mostrara su afecto para probarse a sí misma digna. Después de muchos hijos y brazos vacios de caricias dejó de esforzarse en llamar la atención de Jacob y presentó su dolorosa súplica a Jehová para restaurar su vida. Sus ruegos no fueron en vano. Leah sobrevivió a su hermana Rachel y finalmente ocupó su lugar junto a su esposo. Dios la premió a través de su hijo Judá estableció la línea de Boaz, Jesse y David de quienes finalmente vino Jesús.    

“Son nuestras decisiones, no las condiciones de nuestra vida las que determinan nuestro destino.”

Alguna vez te has acurrucado con una almohada en tu cara llorando incredulamente pensando; ¿”No puedo creer que esto está sucediendo de nuevo?” Los bebés aprenden temprano en la vida cómo obtener lo que quieren. Aprenden en quien pueden confiar y a quien tienen que proteger para mantener la paz en la casa. Cuando nuestras necesidades básicas son ignoradas especialmente por nuestras madres nos sentimos heridos y comenzamos a separarnos de nuestra realidad, creando un falso sentido de nosotros mismos. Con el tiempo aprendemos a adaptarnos al dolor y compensamos sobresaliendo en la escuela, deportes o cualquier cosa que alimente a la niña descuidada que aún trata de llamar la atención. Ni a través de relaciones abusivas recurrentes, matrimonios rotos, sueños fallidos y malsanas decisiones nos rendimos y suplicamos misericordia a Dios. Es cuando vemos un reflejo de nuestro ser herido, en los ojos de nuestros hijos que cedemos nuestro dolor a Dios que se reposiciona en nuestras vidas con propósito. Dios siempre espera en la meta y nos anima a través de nuestro desierto. que

¿Si supieras que no podrías fallar qué harías diferente?

 

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